lunes, 28 de junio de 2010

Cuarenta y un años

Hace cuarenta y un años que la comunidad de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales (LGTB) se rebeló contra un sistema que los perseguía en Greenwich Village, Ciudad de Nueva York. Por eso, se conmemora todos los 28 de junio el famoso Gay pride. En España se ha traducido como orgullo, aunque la palabra inglesa tiene más similitudes con la palabra dignidad que con orgullo. Y es que eso es en lo que yo creo, en la dignidad de las personas homosexuales, transexuales y bisexuales a ser parte del mundo sin que su vida sexual sea algo de lo que avergonzarse, algo por lo que vayan a la cárcel o incluso mueran.

Sobre todo creo en que ser homosexual es un asunto de cada persona, y que no debe afectar al resto de su vida social. Yo no soy menos estudiante porque me gusten los hombres, igual que no seré menos médico. A nadie se le debería impedir hacer nada por su orientación sexual, porque es algo que no es una enfermedad, es algo que no hace daño a nadie, y sobre todo, es algo que no debe tener trascendencia más allá de la cama y la casa de cada uno.

Cada vez hay más transparencia, cada vez más aceptación, pero quedan siempre muchas personas que están intentando dañar los derechos humanos, dañar a otras personas buscando excusas para justificar lo que no son más que ganas de violencia y conflicto, de vomitar sus propios problemas internos sobre otras personas. Por eso muchos sectores ultraconservadores de esta sociedad deberían hacerse un examen de conciencia y pensar qué es realmente lo que pasa por sus mentes, por qué tienen tanto miedo a la libertad propia y de los demás, qué les amenaza en la oscuridad de sus pesadillas. Por eso Gamá, colectivo LGTB de Canarias, concedió su premio Tenique a Intereconomía, y yo quiero apoyar esa concesión del premio, porque no están respetando los valores en los que se fundamenta un estado de derecho, porque están aprovechándose, con algo que no se puede llamar sino maldad, de la libertad de expresión que quieren quitar a sus conciudadanos.

Sea como sea, y sean de la opinión que sean, les felicito uno de los tantos días del año en los que se reivindica la igualdad de todas las personas. Hoy tocan lesbianas, gays, transexuales y bisexuales; pero el mensaje, al menos para mí, es el mismo que me gustaría que estuviera presente todos los días. Somos personas, miembros de la Humanidad, y debemos aprender a convivir, que el odio sólo hace perder el tiempo y años de vida.

Foto: Desfile del Orgullo LGTB de Las Palmas de GC 2010, yo soy el que mira hacia atrás, a la derecha de la imagen, con una chaqueta roja.

viernes, 25 de junio de 2010

Estoy aterrorizado

Si bien hay muchísimas cosas que me tocan la moral, no son tantas las que me sacan de mis casillas hasta el punto en el que lo ha hecho mi nuevo descubrimiento. Se trata de un libro que aparece en la zona de autoayuda, y que ya he visto en dos librerías. El autor, Andreas Moritz. El título —redoble de tambor— El cáncer no es una enfermedad. Tiene subtítulo, es más, y reza "sino un mecanismo de supervivencia".

Enseguida, tuve una respuesta adrenérgica, o sea, de lucha o huida. Decantándome por la primera de las dos opciones, mi cuerpo se dirigió raudo, taquicárdico y con los músculos tensos, a ver si mis temores eran fundados o no (bien podía ser un título irónico). Doy la vuelta al ejemplar y me encuentro con el texto que cito a continuación:

En El cáncer no es una enfermedad, el autor, escritor de éxito conocido internacionalmente como experto en temas de salud y por su revolucionario libro Limpieza hepática y de la vesícula, nos explica que el cáncer es el síntoma físico que pone de manifiesto el último esfuerzo que el cuerpo realiza para eliminar las causas específicas que acaban con la vida. El autor afirma que la eliminación de esas causas es lo que establece los preliminares de una curación completa a nivel corporal, mental y emocional.

Este libro anima al lector a que se enfrente a una concepción totalmente nueva del cáncer, la cual deja obsoleta a la actual. Por lo general, los tratamientos convencionales, en los que se matan, cortan o queman las células cancerosas, tan sólo ofrecen a la mayoría de los pacientes una remisión de la enfermedad del 70%, y la mayor parte de los sobrevivientes quedan "curados" durante unos cinco años como mucho.

Andreas Moritz muestra por qué los tratamientos contra el cáncer pueden ser fatales, qué es lo que realmente causa el cáncer y cómo eliminar los obstáculos que impiden que el cuerpo se cure por sí mismo. El cáncer no es un atentado contra la vida; al contrario, el cáncer es el intento por salvarla. A menos que cambiemos nuestra percepción de lo que el cáncer es en realidad, éste seguirá siendo una amenaza para una de cada dos personas. Este libro es una esperanza para quienes desean convertir el victimismo en fuerza y maestría, y la enfermedad en salud.
Ahí fue cuando sufrí la hecatombe fisiológica y estuve a punto de tirar el libro y darle patadas, y de ir al dependiente y llamarle de todo por tener tal objeto en las estanterías. ¿Acaso las dos librerías a las que fui (una de ellas la de El Corte Inglés) no son conscientes de que hay gente que no sólo lo comprará sino que se lo creerá y morirá de cáncer porque están convencidos de que es un "síntoma" del esfuerzo que el cuerpo hace por sobrevivir? ¿Acaso la pseudociencia no tiene barrera de ningún tipo? ¿Dónde está el respeto por la vida ajena? ¿Qué clase de perturbado mental sublima (si es que no lo hace deliberadamente) sus ansias asesinas convenciendo a la gente de que se deje morir?

Pero analicemos ese textillo por partes. Para empezar, ese hombre ya ha publicado otro libro: Limpieza hepática y de la vesícula. No me he preocupado en buscarlo, pero viendo lo que dice éste, me puedo imaginar perfectamente qué dice del otro: que sólo mediante la aceptación de que la vesícula no es capaz de ponerse enferma por alguna esotérica razón, no se enfermará; y que eliminando el escepticismo de nuestra vida el hígado se descongestionará. Si por ese libro fuera, seguramente el mundo se convertiría en Springfield, y todos en sus amarillos habitantes.

Dice además que el cáncer es un método de supervivencia. Una célula que crece descontroladamente y destruye a las circundantes, que incluso tiene la capacidad de abandonar de forma activa el lugar de origen para buscar otros donde tenga el alimento asegurado para su exagerado metabolismo; ¿es un método de supervivencia? A mí me parece que no, me parece que es una enfermedad dramática y que además asusta por lo retorcido de su mecanismo. Quizás debería el señor Moritz leerse los estudios de Hans Selye sobre el síndrome general de adaptación, más conocido como estrés. El cáncer no aparece precisamente como un determinante de esta respuesta del cuerpo ante cualquier agresión, física o psíquica. A mí lo que me asusta es que haya quien lea y apoye estas cosas avaladas por la ignorancia (o el rechazo al método científico).

Sea como fuere, no dije nada porque no sabía muy bien cómo arremeter ni si me iban a hacer caso. Quiero aprovechar, por eso, esta entrada para dos cosas:
  1. Dar a conocer la existencia de este libro que probablemente provoque muertes.
  2. Preguntarles a los lectores de mi blog qué creen que debería hacer, ¿con quién debería de hablar para evitar que este tipo de cosas sean factibles?
Yo soy de los que opinan que no se puede callar a nadie, porque es el principio de la democracia de la que estoy firmemente convencido (y que no es lo que tenemos, dicho sea de paso); pero hay una diferencia entre la libertad de expresión y de publicación, y un obvio atentado contra la salud pública, sea de mayor o menor calibre.

En fin, aterrorizado me quedo. Este libro existe (igual que Limpieza hepática y de la vesícula), y lo que pase con él, pues... ya veremos.

jueves, 24 de junio de 2010

Ambivalencia

Uno está acostumbrado a ser el patito feo, a dar sin recibir, a ser el que se quede anhelando... Y cuando por fin es otra persona quien se interesa por uno, y a priori todo parece perfecto y prometedor; cuando parece que finalmente uno va a salir del charco de lodo en el que lleva más de un año sin remedio aparente, llega el momento de la verdad y es uno el que siente que no, que ahora es uno el que debe decir que no.

¿Cómo decirlo sin que sea doloroso? No lo sé...

¿Cómo aceptar que, aunque uno quisiera que funcionara con todas sus fuerzas, es imposible negar que no ha funcionado? No lo sé...

¿Cuándo volverá a ponerse la suerte de mi lado, habiendo tardado tanto en ser benévola sólo para que yo no pueda aceptar el regalo? Ya veremos...

martes, 22 de junio de 2010

Pasapalabra - Psicopatología

¡Hey! El anterior Pasapalabra tuvo éxito y pedían más, así que, aprovechando que mi último examen ha sido de Psicología Médica y Psicopatología, voy a hacer uno con el convulso mundo de la mente, sobre todo la enferma. Si no recuerdan las reglas, miren aquí cómo iba el asunto.


A - Incapacidad de un individuo para identificar las propias emociones y, en consecuencia, verbalizarlas.
B - Trastorno de la conducta alimentaria en el que la obsesión por la propia imagen y el peso corporal provoca episodios de ingesta excesiva de comida (atracones), tras los cuales el afectado se purga (vómitos, laxantes, ejercicio extremo) como resultado de la sensación de culpa y pérdida de control.
C - Purgación o evacuación. Efecto liberador producido por la descarga de los afectos reprimidos ligados a conflicos inconscientes o acontecimientos traumáticos.
D - Alteración cuantitativa o cualitativa del sueño.
E - Dícese de los elementos de la conducta, pensamientos, impulsos, mecanismos y actitudes que no son la norma del yo (por lo que son percibidos como ajenos y morbosos) y que son incongruentes con la personalidad global.
F - Miedo irracional hacia objetos, situaciones y actividades que provocan que el sujeto experimente una elevada reacción de ansiedad y tienda a evitar el objeto de su temor.
G - Evaluación aumentada del valor, poder, conocimientos o importancia de la identidad personal.
H - Miedo irracional a la muerte o a la enfermedad que provoca que el afecto se convenza firmemente de que padece una enfermedad, por lo general grave, y que no desaparece a pesar de recibir resultados favorables de sus múltiples visitas al médico.
I - Inclinación irresistible al cumplimiento de ciertos actos anormales sin intervención de ideas delirantes.
J - Apellido del psicoanalista, alumno y colaborador de Freud, que desarrolló el concepto de "inconsciente colectivo".
L - Claridad con la que acontecen las funciones psíquicas ligadas a la conciencia.
M - Privación del habla por motivos psíquicos que puede ser total o parcial, global o selectivo, permanente o transitorio.
N - Dícese del individuo afectado por cualquier trastorno psiquiátrico sin base orgánica demostrable en el que hay un adecuado nivel de conciencia de enfermedad y está conservado el juicio de realidad.
O - Perteneciente o relativo a las ensoñaciones.
P - Recuerdo de personas, cosas o hechos que nunca han existido antes, falso reconocimiento (déjà vu, déjà vecu).
Contiene la Q - Pensamiento acelerado, típico de la manía, algunas intoxicaciones (anfetaminas, cocaína), el insomnio prolongado, la tirotoxicosis y algunos tipos de esquizofrenia.
R - Característica de la afectividad de psicópatas y algunos psicóticos que comporta una falta de modulación en la intensidad de la respuesta afectiva.
S - Parasomnia en la que los individuos afectados desarrollan actividades motoras automáticas (levantarse de la cama, caminar, orinar...) durante la fase de sueño de ondas lentas.
T - Apellido del neurólogo francés que da nombre al síndrome neuropsiquiátrico que se caracteriza por la aparición de múltiples tics con emisión de sonidos inarticulados (gruñidos, chasquidos) e incluso palabras groseras (coprolalia).
V - Estado alerta de la mente, contrario al sueño.
Contiene la X - Dificultad o imposibilidad para fijar la atención.
Y - Instancia de la mente, en la teoría psicoanalítica, que es consciente y funciona comprobando la realidad, así como regulando y controlando los impulsos provinientes del Ello.
Z - Alucinación, propia del delirium tremens, consistente en la percepción de numerosos animales pequeños y desagradables (insectos, arañas, ratas...).

¡Éste es algo más facilito que el anterior! Para enviar sus respuestas, bien los comentarios o quizás incluso mejor que me manden un email a la dirección del blog, que está por ahí abajo, pero yo recuerdo por aquí:

roquerojas . fernando @ gmail . com

¡Mucha suerte a todos y gracias de antemano por participar!

sábado, 19 de junio de 2010

Mis obsesiones

BlackZack es una persona curiosa, porque tiene unas cuantas manías. Según un amigo, soy un obsesivo-compulsivo de libro, pero no sé yo (le gusta demasiado endosar patologías psiquiátricas a todo el mundo). Aquí van un par de ellas, para que se rían de mí un rato (XD):

1. Los bolis Bic: Me cuesta muchísimo escribir si no es con un boli Bic Cristal. No es que sea completamente incapaz de hacerlo, pero si no tengo un Bic, y, a ser posible, más de dos repuestos a mano, no puedo parar de sentir como un zumbido que me dice "Qué raro se siente este boli... Qué color tan desagradable... La tinta no tiene la misma textura... Este es demasiado ancho..."

2. Vestir de marrón cuando voy en avión: Aquí quizás sí le tenga que dar la razón a este amigo que digo. Es una superstición que no tengo ni idea de cuándo se instauró, pero que no me puedo quitar de la cabeza cada vez que vuelo. El mero hecho de pensar que voy a volar sin estar vestido completamente de marrón (a ser posible incluyendo ropa interior y calcetines), me hace empezar a pensar cosas de lo más catastrofistas. Sin ir más lejos, cuando me volví de mi Erasmus fallido este año (un curioso 7 de noviembre, de hecho), me obligué a vestirme de otro color (camiseta verde y pantalón vaquero azul) porque me daba vergüenza seguir con la tontería del marrón, pero sólo hizo que los nervios que ya tenía por todo lo que me había pasado en Alemania me tuvieran yendo al baño cada media hora de vuelo (molestando a la gente que se sentó hacia el pasillo, yo inoportunamente colocado al lado de una preciosa ventana) y con las piernas temblando como si me hubieran dado convulsiones.

3. La jerarquía en los apuntes: En mis apuntes hay bloques, y en los bloques hay temas, y dentro de los temas, subtemas, y después pequeños epígrafes e incisos. No existe realmente un código exacto para cada cosa, pero está claro que deben estar obviamente diferenciados. Me es completamente insoportable ver un título subrayado de igual forma que un tema que va dentro. Yo no puedo tomar apuntes con sólo un color, o no voy a estudiar nada, sino que me voy a pasar recordando en mi cabeza toda la teoría de conjuntos (bendito Álgebra de primero de Ingeniería Química) y repitiéndome "Es que este tema es un subconjunto del bloque, que es más grande, y por mucho que se interseccionen... bla bla bla...". Ah, a pesar de que el código no está establecido, sí hay una cosa que se mantiene, un subrayado verde JAMÁS debe estar jerárquicamente por encima de uno rojo.

4. Limpiar los bordes de los platos: Ocurre sobre todo con los platos hondos. Si sirvo (sobre todo si me lo sirven a mí) una sopa, un puré, una crema, o cualquier cosa en un plato, y el borde se mancha, no soy capaz de comer hasta que haya cogido una servilleta y haya dejado inmaculado el susodicho borde. Una cosa que me pasaba, además, con unos platos en concreto que regalaba el diario Canarias 7 y tenían un pajarito naranja en un punto concreto del borde, interrumpiendo una cenefa de hojas en verde, es que no podía comer en esos platos si el pájaro no estaba convenientemente situado a las 12 en punto. A ser posible, la comida debía estar bien colocada dentro del plato (elemento principal a la izquierda, guarnición a la derecha, con una leve desviación hacia la izquierda de la hemisección con respecto al eje —marcado por el pajarito—), pero esto era secundario a lo del pajarito a las 12. Ya no me pasa, en parte porque no tengo esos platos, y porque debe habérseme pasado el foco de mis manías a otra cosa. Y es que, cuando los veo en casa de mi tía, no me pasa.

En fin, suficiente de mis locuras. ¿Se nota mucho que me aburro? Debería estudiar Epidemiología... Por supuesto, bloques con doble subrayado rojo, temas en subrayado simple rojo, subtemas con subrayado simple verde y lo demás en azul de boli Bic, ¿queda claro?

viernes, 18 de junio de 2010

Un respiro

Y por fin llega un respiro. Después de las matadores sesiones de estudio, tanto de Fisiología como de Psicología, llega un pequeño respiro, el cual no quiero que se me arruine siquiera por el hecho de darme cuenta tras media hora después de salir del examen, que no me acordé de volver a una pregunta que no había contestado y dejado para el final (que encima era bastante sencillita: "Signos somáticos de la anorexia nerviosa"). ¡No! Nada me va a enturbiar este pequeño respiro en el que sólo se intercala una presentación y la incertidumbre de cuándo me examinaré de Epidemiología (que aún no tengo fecha). Pero en fin, un respiro al fin y al cabo. A caballo regalado no se le mira el diente, ¿no?

Lo cierto es que durante el examen estuve tentado de hacer reivindicación de mi vida como ser humano con necesidades sociales, y responder a la pregunta "Factores estresantes" con "Este examen, ¿no le parece?", pero me contuve, sabedor de que no me puedo permitir liberar mi id sobre la hoja de papel si no quiero que el de ellos se sublime sublimemente en un suspenso.

Sea como sea, a ver si aprovecho este respirito un poco y descanso la mente y el cuerpo.

miércoles, 16 de junio de 2010

Histeria metapsicopatológica

La histeria metapsicológica es esa cosa que te entra cuando estudias psicopatología, porque es tan interesante, porque sientes de pronto que serías capaz de entender cualquier cosa que pasase por la mente del psicótico más desconectado de la realidad, porque no puedes evitar que las catecolaminas activen justamente esa parte de tu cerebro que tanto se parece a lo que estás leyendo sobre los delirios de grandeza.

Y no es más que histeria, la histeria que surge de darte cuenta de que ninguno está en sus cabales al 100%. Todos hemos sucumbido a algún trastorno afectivo, por leve que sea, cada uno tenemos nuestras obesiones, a veces las ideas se nos escapan y cuando vamos a buscarlas encontramos ese sótano oscuro y lleno de monstruos que es nuestro inconsciente.

Igual que la hipocondría del estudiante (de hecho, está íntimamente relacionada con ella), la histeria metapsicopatológica es uno de esos cuadros propios del estudiante de Medicina (éste aparece también en estudiantes de Psicología y cualquier otra carrera en la que se describa la psicopatología), y que lo atenazan de forma transitoria pero marcadamente notable, sobre todo cuando el cansancio hace mella y exacerba cualquier leve patología mental que quisiera asomar su cabecita hacia el mundo cotidiano del joven masoquista.

¿Llegaré cuerdo al examen de Psicología? Ya veremos...

PD: Mensaje para los frikis del mundo, ya tengo toda una horda de Malkavians en la cabeza. Y creíbles.

martes, 15 de junio de 2010

¿Uno menos?

Es una pregunta porque no termino de estar seguro. En dos días he tenido que ventilarme dos bloques enteros de la enorme asignatura de Fisiología Especial: sistema cardiovascular, sistema respiratorio y sangre por una parte, y sistemas endocrino y reproductor por otro. Vamos, que he tenido que hacer acopio de mi concentración y recurrir a música que no sólo me relajase sino que, por obra y gracia de mis auriculares, me aislara del mundo —no oía a la gente hablando a mi lado—, como la que puedes confeccionar tú mismo en www.soundsleeping.com.

He hecho el examen, y la verdad es que justamente esos temas que me preparé... creo que saldrán, pero visto lo visto de momento no quiero sino tocar madera, no vaya a ser que por hablar de más me tenga que acabar mordiendo la lengua. En cuanto al resto del examen (sistemas inmune y nervioso), imagino que quedarán para septiembre. No obstante, yo hice los exámenes y respondí todo de lo que me acordaba más o menos, así que de pronto va y suena la flauta. Pero de nuevo: no hablemos demasiado.

Y ahora lo que estoy es cansado, psíquicamente anulado como pocas veces lo he estado. Es como si le hubieran metido una auténtica paliza a mi cerebro. Me cuesta enfocar la vista y escribo más que nada para relajar la mente —cómo se nota que el cerebro ahorra energía para lo que le gusta hacer—, porque no puedo hacer grandes prodigios de la mente humana ahora mismo. No sé si debería irme a dormir... En mí, las siestas tienden a hacer verdad eso de que "es peor el remedio que la enfermedad", así que probablemente levite a través de mi casa durante el resto del día hasta mañana, que tengo que empezar con Psicología Médica y Psicopatología.

Ains, junio... ¿cuándo acabará? Ya veremos...

sábado, 12 de junio de 2010

¡Bum!

Pues sí, ¡bum!

Bum porque hice el examen de Principios de Medicina Física y Rehabilitación, y me salió bien. Algún que otro despiste de estos de los que te das cuenta justo cuando sales del examen, pero creo que salgo airoso, y que la participación en la asignatura me ayudará bastante.

Y bum porque he cambiado de nuevo el look. El otro me gustaba, pero era más incómodo para usar el blog. Tenía que escribir www.blogger.com en la barra de direcciones cada vez que quería ir a mi escritorio, porque la plantilla no era de Blogger. Pero Mar me dijo que había unas nuevas muy chachis, y las vi, y me enamoré de la que tengo puesta. Quizás muy floral en la parte de arriba, pero de resto me gusta tanto que prefiero ignorar las orquídeas.

Ains... ¡bum! Antes de que Fisiología Especial, con cuatro parciales de cinco a los que presentarme, me vuelva loco.

Entrada corta. Vuelvo a mi mundo extraño. Y ya veremos...

jueves, 10 de junio de 2010

Gofioterapia intravenosa

Historia clínica: Paciente varón, 20 años, con antecedentes de estar estudiando medicina, que es llevado a urgencias por por disminución del nivel de conciencia. El cuadro empezó a principios del mes de junio con signos de aprosexia (incapacidad para fijar la atención), depresión y parafasias ("Holo" en vez de "hola"; "chucara" e incluso "tenedor" en vez de "cuchara"...).
Diagnóstico: Pseudodemencia juvenil por época de exámenes, o Síndrome de Junio
Tratamiento: Gofioterapia intravenosa.


Esto que cuento en clave de parida mental es más o menos lo que me viene pasando de vez en cuando, y en especial hoy. Estamos a 10 de junio, mañana tengo un examen de Principios de Medicina Física y Rehabilitación a las 3 de la tarde, y realmente me falta poquito por estudiar y es sencillo, pero la pereza pura y dura puede conmigo. Y más que la pereza, la falta de concentración que me condiciona el estar tan estresado y tener tan apretado el calendario de exámenes, a saber:

11.06 - Principios de Medicina Física y Rehabilitación
15.06 - Fisiología Especial (todita, entera, exceptuando digestivo y renal)
21.06 - Planificación y Organización Sanitaria (realmente el examen ya está hecho, pero hay que presentar el famoso trabajo que costó sangre, sudor y lágrimas)
28.06 - Anatomía Patológica General (del que creo que sólo me prepararé el práctico y ya iré con la teoría a septiembre)
02.07 - Patología General (mañana me reuniré con el coordinador de la asignatura, para ver si me libera el primer parcial, que me dejó a dos décimas)
Sin fecha aún - Epidemiología General y Demografía Sanitaria (que imagino y espero que ponga entre el 21 y el 28)

Todo esto mientras en mi casa la cocina está en obras y tenemos que hacer malabares para movernos por el salón, atestado de comida y electrodomésticos nuevos, y para ver qué comemos mi madre y yo (mi abuela y mi hermana han desertado a la casa de mi tía).

En fin, que estoy agobiado, y el agobio me descentra y me entran ganas de tirarme a la bartola y no hacer nada, porque no tengo casi ganas de nada: todo me cuesta. De ahí el tratamiento a base de un plan estricto de administración intravenosa de leche con gofio. Y los peninsulares (y peninsularas —que yo estudié en Radio Ecca, como Manolo Vieira) se preguntarán: "¿Y eso qué es?". Bueno, si pinchan en el link lo verán con más detalle, pero es un alimento muy típico de Canarias, que ya preparaban los aborígenes antes de la conquista, y que no es sino una harina que se confecciona moliendo trigo o millo (=maíz; éste es el más consumido en Gran Canaria) tostado. Se usa en el desayuno (con leche), en el almuerzo (como gofio escaldado, o en forma de pella de gofio), y la nouvelle cuisine canaria se dedica a hacer mousse de gofio y más cosas curiosas. Obviamente, es una fuente de hidratos de carbono como una casa de grande, y por eso es común recomendar a la gente desayunar con gofio para estar fuerte y sano.

Así que, necesito una vía con una gran bolsa de leche con gofio para poder estar despierto, enérgico y concentrado. En fin... me vuelvo a la Rehabilitación.


lunes, 7 de junio de 2010

Esto del copago...


Mentiría si dijera que soy un as de la economía, más aún si lo dijera sobre la economía de la salud. Me miré los temas de Planificación y Organización Sanitaria bastante por encima, lo suficiente para el examen (y ya veremos si fue suficiente o no), y no me atrevería a aventurarme en el profundo y confuso mundo del análisis coste-beneficio y el impacto exacto de las políticas sanitarias sobre la eficacia del sistema y su legitimación.

Pero últimamente se viene rumoreando, con ese sonido de serpentinos susurros, que viene el copago, una de las herramientas del, por supuesto, "malvado Zapatero" para sobrevenir la crisis que es "única y exclusivamente culpa suya". Estupideces políticas aparte, ¿qué es el copago? Pues básicamente lo que existe en media Europa para sostener tanto sistemas nacionales de salud (como el nuestro, el italiano, el sueco...) como sistemas de seguridad social (paradójicamente, el nuestro, a pesar de resarcirse en eso de "Seguridad Social", no es un sistema de seguridad social como sí lo son el alemán o el holandés). El estado garantiza la provisión de salud a todos los asegurados, que deben pagar un porcentaje de esa atención una vez la han solicitado.

¿Cuál es el objeto de esto? Pues no gastar tanto, incluso cobrar más, y disuadir al ciudadano a abusar del sistema sanitario. Tiene, obviamente, sus pros y sus contras. Parece evidente que la introducción de medidas de copago hará que más de uno y más de una se olvide de ir a la sala de espera del médico de familia a conversar con el resto de la quinta, y desaturará consultas y salas de urgencias con consultas banales, pero aquí viene mi pregunta: ¿Se está seguro de esto?

Me explico: los padres de una niña de 2 meses que no deja de llorar acuden a urgencias en busca de un pediatra. Yo dudo mucho que vayan por vicio. Quizás sí que vayan con más ligereza que si existiera el copago, pero desde luego dudo que no estén preocupados por su niña, que quizás no tiene absolutamente nada. ¿Por qué están preocupados? Porque no saben. Yo creo que la puerta que primero hay que abrir antes de siquiera plantearse el copago, es esa puerta que en España tenemos más que cerrada, llena de telarañas y con la cerradura oxidada: la educación sanitaria.

Pero es que Spain is different. España primero cobra y pregunta después qué es lo que quieres, España se salta la educación porque, ¿para qué sirve eso cuando puedes ahorrar tiempo? De hecho, aquí un izquierdista convencido no entenderá nunca las políticas educativas del PSOE, que si LOGSE, que si LOE, que sólo aseguran que el cateto de la clase, con ochenta suspensos, sea capaz de graduarse. Y que no me diga la gente que sí, que tengo razón, porque es el grueso de los habitantes de España los que no quieren ser educados, los que únicamente se sientan en su casa a esperar que el estado les haga todo y, si tarda, se quejan.

¿Qué pasará con el copago? Pues pienso que una revolución como pocas otras. Porque la gente no está educada para eso, porque la gente está malacostumbrada. Malacostumbrada por Franco y malacostumbrada por la democracia. Me explico: todas las dictaduras malacostumbran de una manera perversa al pueblo, porque lo adoctrinan, porque los hacen caminar en una calle vallada que no te deja ni mirar hacia otro lado, y la gente se vuelve gandula, y camina. ¿Por qué se oye lo de "Con Franco vivíamos mejor" de más de uno que no es ultraderechista? Porque no había nada que cuestionar: las cosas eran como eran, y los dolores de cabeza se solucionaban tan fácilmente como callar y hacer caso. ¿Qué pasó tras 1978? España se quiso erigir como un país social, europeo, moderno, se empeñó con fanatismo en borrar cualquier estigma que 40 años de dictadura; y ahí están las políticas, flojas y cogidas con pinzas, de educación e I+D. Todavía la sanidad ha funcionado relativamente bien, pero a veces cojea, al menos aquí en Canarias, donde todo el mundo está en la consulta, pero nadie está satisfecho —¿ironías?

Pero vuelvo a irme a la educación, para mí el centro de todos los problemas. España es un país de fanáticos. Tenemos una derecha que se preocupa más por el "concepto de familia" y por desacreditar a la izquierda que de dar soluciones, y una pseudo-izquierda gobernante que sonríe ante todo, como si nada fuera mal, hasta que el huracán les rompe los dientes y fastidia su sonrisa, que es lo que acaba de pasar. Y tenemos un pueblo que no sabe sino quejarse, pero no se atreve a hacer nada. No hay movimientos ciudadanos para dar soluciones, no hay iniciativas. Porque somos un país europeo con una tasa de analfabetismo que da miedo para la imagen que se supone que deberíamos tener. Porque, como dije, estamos malacostumbrados. Todos hablan, pero nadie sabe qué hacer.

Afecta a todo, incluida la sanidad. ¿Por qué se saturan las consultas? Porque la gente no sabe absolutamente nada, y nadie se preocupa de explicarles. La gente se automedica, y el médico le dice que no debería, pero no le explica por qué, y la gente pierde confianza y vuelve a automedicarse. Más resistencias a los antibióticos: más gasto farmacéutico. La gente sabe que la obesidad es mala, pero no sabe por qué: la gente come, "que cuando me dé diabetes ya dejaré de comer". Más complicaciones: más gasto sanitario. Si así estamos, ¿está España preparada, como la estoica Suecia, para el copago? No lo está. Porque España seguirá careciendo de educación para la salud y seguirá habiendo los mismos problemas, que no se curarán a tiempo por evitar pagar la consulta, la atención urgente o la prueba diagnóstica, se agravarán y el sistema sanitario no podrá decir que no. Y gastará más. Y la gente no estará contenta. La legitimación del médico bajará, aumentará la insatisfacción tanto por parte del paciente como por parte del médico. Más síndromes del trabajador quemado, más médicos que no trabajan porque aún así seguirán cobrando lo mismo. En definitiva: menos salud y más gasto.

¿Estamos seguros de que sabemos hacer política? Ya veremos...

domingo, 6 de junio de 2010

Respuesta al caso


Bueno, me he sorprendido con tanta extrañeza por ahí, la verdad. Quizás a mí me lo explicaron mal, pero por lo que yo me estudié para el examen (y ando ahora mirando por otro lado para corregir si fue mi error) las atelectasias son una complicación postquirúrgica (en general, aunque obviamente aumenta la proporción en cirugías abdominales altas, resecciones pulmonares y cirugías cardiacas) relativamente frecuente. Se relaciona con varias cosas que podrían estar presentes en este caso: una probable distensión abdominal (refería dolor), quizás con las dosis de opiáceos administradas a la paciente (menor capacidad para expectorar), y también con las altas cantidades de oxígeno que se le dan, que justificarían una atelectasia absortiva (cuando la proporción nitrógeno/oxígeno del aire pulmonar se invierte, es más volumen el que puede absorberse, y si esto ocurre, se crea un vacío que colapsa las luces de bronquiolos y alveolos). La asunción podría estar también apoyada por la falta de movimiento y de eliminación de las secreciones (el dolor le impedía toser, aparte de ser fumadora importante, por joven que sea).

Tenga la etiología que tenga (probablemente mixta), el cuadro clínico, junto a la exploración física y el hallazgo radiológico, apuntan a una atelectasia sin mucho lugar a dudas.

El cuadro clínico: disnea, taquicardia, taquipnea y cianosis distal, en un postoperatorio bien podrían ser un tromboembolismo pulmonar (que implicaría un fallo en la profilaxis anticoagulativa que se da normalmente a un paciente quirúrgico dada la hipercoagulabilidad que desencadena la agresión de la cirugía) o una atelectasia, por las razones que ya mencioné más arriba.

La exploración física: la hipoventilación en hemitórax derecho evidencia el colapso funcional del pulmón derecho, mientras que la matidez a la percusión es muestra del colapso morfológico del mismo (el aire que debería estar no está, y la bolsa se ha convertido en un macizo arrugado y vacío).

Rx: Como dije, ésa no es la placa que a mí me pusieron, pero la tráquea estaba igualmente desviada hacia un hemitórax derecho completamente opaco, al igual que el resto de estructuras mediastínicas (la distancia entre el corazón y la pared torácica izquierda se aprecia aumentada). Otras razones para una opacidad en el pulmón podría ser una condensación pulmonar, pero ni es consistente con el resto de hallazgos, ni tendría por qué generar una desviación del mediastino; así como la presencia de una masa ocupante de espacio, pero ésta tampoco tendría por qué tener una aparición tan súbita y mucho menos desviar hacia el lado afecto las estructuras mediastínicas, sino más bien lo contrario. En cuanto al objeto extraño que podría estar causando la atelectasia, dependería de lo que fuera, pero imagino que debería poder apreciarse en la radiografía (a no ser que tuviera una baja radiodensidad y se confundiera con la opacidad de la atelectasia).

En cuanto al tratamiento. Pues ahí sí que yo no estaba tan seguro cuando lo escribí en el examen, pero me he informado, que uno no es periodista del corazón, y el tratamiento fundamental es la fisioterapia (para excretar el moco que pueda estar taponando las vías), que puede ayudarse de una aspiración broncoalveolar con broncoscopio si fuera necesario. No sale en muchos lados, pero sí que lo he visto y creo que tendría lógica si fuera una atelectasia absortiva: la ventilación con presión positiva obligaría al pulmón a reabrirse y revertiría el colapso además de prevenir la instauración de otra atelectasia hasta que el resto de factores de riesgo (efectos de la anestesia y de la cirugía per se) y/o causas directas (acumulación de secreciones) se disipen.

En definitiva, ésa fue la idea con la que yo respondí y que vi bastante clara. De pronto me he metido un gambazo como un día de fiesta. Siendo éste el blog de un estudiante, estoy más que abierto a comentarios y correcciones.

viernes, 4 de junio de 2010

Después de tanto, ¡un caso!

Bueno, pues ayer tuve el examen de Fundamentos de Cirugía, e incluía un supuesto clínico, que iba de la siguiente manera:

Paciente mujer, de 17 años, fumadora de 20 cigarrillos diarios, muy delgada (no decían IMC), es operada urgentemente de una torsión ovárica. La intervención quirúrgica se lleva a cabo sin complicaciones y se sube a la paciente a planta. Tras unas horas, se llama al cirujano por presentar la paciente un cuadro de disnea, taquicardia (120 lpm), taquipnea (21 rpm) y cianosis distal. La madre de la paciente dice que es un poco aprensiva y que tenía un dolor abdominal que le impedía toser.

En la exploración física se objetiva hipoventilación en hemitórax derecho y matidez a la percusión. Se pide una placa radiográfica de tórax y una gasometría arterial. La PaO2 es de 65 mmHg. La radiografía muestra lo siguiente (no es la misma que me pusieron a mí, ésta está algo rotada, obviamente):

Emita y razone un juicio clínico, y proponga un tratamiento en consecuencia.

Bueno, estaba pensando en poner la respuesta, pero, ¿por qué no dejar a los medicoblastos, medicocitos y lectores en general que aventuren algo, lo que sea? Si no tienen ni idea de medicina, siempre se puede especular, ¿o no? Pero a los que sí saben, ¡que se mojen (que además es una chorrrrrrraaaaaaaaada)!

¿Se nota que me aburro? Sí, se nota... XD Mañana o pasado mañana pondré toda la retahíla que le puse yo al profesor en el examen, para que vean lo friki que soy, pero hasta entonces, doy luz verde a quien quiera decir lo que sea.

jueves, 3 de junio de 2010

Momento de revelación


Realmente estoy siendo un poco incongruente conmigo mismo escribiendo así, tan ligeramente, pero me he propuesto empezar a las 5 de la tarde, siendo ahora mismo, las 4 y 20 en Las Palmas.

¿Por qué digo esto? Porque hoy he hecho un examen, y he salido con esa sensación de: "Yo diría que bien... pero no lo quiero decir muy alto.", con la que llevo medio año saliendo de los exámenes, con resultados que tienden estadísticamente al "Menos mal que no lo dije muy alto."

Aparte, por alguna razón desconocida, el mensaje de correo electrónico con las notas de Patología General no me llegó, y mientras que todo el mundo sabía sus notas (y la mía, por extensión), yo permanecía ajeno a mi 5.2 que me deja como no liberado. Si bien en muchos otros exámenes lo entiendo, en éste la verdad es que me ha dolido especialmente. Vale que no me supiera el 100% de endocrino, ¡pero sabía endocrino, y bastante! Vale que hubiera un par de preguntas de neuro que no contesté, todo eso es cierto. Pero los cálculos no me salen. Y aún si me salieran, ¿qué es lo que más me duele? Que, tonto de mí, sabiendo que de endocrino y neuro me acordaba bastante por haber estudiado para Fisiología, me dediqué a saberme bien la hematología; porque en Fisio nunca he llegado a estudiármela bien, y quería aprovechar lo mucho que me motiva Patología para poder aprendérmelo y por un lado aprobar Patología y tener ya medio camino (o más) recorrido para el final de Fisiología. Pero, de manera fantástica y condescendiente con mi karma, no cayó una sola pregunta de hematología.

¿Y qué me dice la gente? — "Es que deberías mirarte exámenes."

Y me duele. Me duele que la única forma de aprobar una asignatura sea aprenderte de memoria preguntas de exámenes pasados a los que uno accede de forma clandestina, porque es la única forma de quedarte con el pequeñísimo detalle de todo el tema que realmente no sirve sino para quedar bien. Poco importa que sepas explicar perfectamente la patogenia de la enfermedad, que sepas su epidemiología y toda la gama de etiologías, y que incluso aventures un tratamiento; no. Hay que saberse en qué dedo del pie se dio el golpe el que descubrió accidentalmente, gracias a ese dolor, que tal cosa causa tal otra.

En fin... Estoy frustrado. Y no me puedo permitir suspender con la misma. Así que voy a dedicarme a estudiar, a obligarme a estudiar pase lo que pase. A no perder ni un solo segundo, porque está visto que no puedo permitirme absolutamente nada.

Estos son los momentos en los que un estudiante se pregunta: ¿Por qué estoy en esta carrera?

Ya veremos...