
Mentiría si dijera que soy un as de la economía, más aún si lo dijera sobre la economía de la salud. Me miré los temas de Planificación y Organización Sanitaria bastante por encima, lo suficiente para el examen (y ya veremos si fue suficiente o no), y no me atrevería a aventurarme en el profundo y confuso mundo del análisis coste-beneficio y el impacto exacto de las políticas sanitarias sobre la eficacia del sistema y su legitimación.
Pero últimamente se viene rumoreando, con ese sonido de serpentinos susurros, que viene el copago, una de las herramientas del, por supuesto, "malvado Zapatero" para sobrevenir la crisis que es "única y exclusivamente culpa suya". Estupideces políticas aparte, ¿qué es el copago? Pues básicamente lo que existe en media Europa para sostener tanto sistemas nacionales de salud (como el nuestro, el italiano, el sueco...) como sistemas de seguridad social (paradójicamente, el nuestro, a pesar de resarcirse en eso de "Seguridad Social", no es un sistema de seguridad social como sí lo son el alemán o el holandés). El estado garantiza la provisión de salud a todos los asegurados, que deben pagar un porcentaje de esa atención una vez la han solicitado.
¿Cuál es el objeto de esto? Pues no gastar tanto, incluso cobrar más, y disuadir al ciudadano a abusar del sistema sanitario. Tiene, obviamente, sus pros y sus contras. Parece evidente que la introducción de medidas de copago hará que más de uno y más de una se olvide de ir a la sala de espera del médico de familia a conversar con el resto de la quinta, y desaturará consultas y salas de urgencias con consultas banales, pero aquí viene mi pregunta: ¿Se está seguro de esto?
Me explico: los padres de una niña de 2 meses que no deja de llorar acuden a urgencias en busca de un pediatra. Yo dudo mucho que vayan por vicio. Quizás sí que vayan con más ligereza que si existiera el copago, pero desde luego dudo que no estén preocupados por su niña, que quizás no tiene absolutamente nada. ¿Por qué están preocupados? Porque no saben. Yo creo que la puerta que primero hay que abrir antes de siquiera plantearse el copago, es esa puerta que en España tenemos más que cerrada, llena de telarañas y con la cerradura oxidada: la educación sanitaria.
Pero es que Spain is different. España primero cobra y pregunta después qué es lo que quieres, España se salta la educación porque, ¿para qué sirve eso cuando puedes ahorrar tiempo? De hecho, aquí un izquierdista convencido no entenderá nunca las políticas educativas del PSOE, que si LOGSE, que si LOE, que sólo aseguran que el cateto de la clase, con ochenta suspensos, sea capaz de graduarse. Y que no me diga la gente que sí, que tengo razón, porque es el grueso de los habitantes de España los que no quieren ser educados, los que únicamente se sientan en su casa a esperar que el estado les haga todo y, si tarda, se quejan.
¿Qué pasará con el copago? Pues pienso que una revolución como pocas otras. Porque la gente no está educada para eso, porque la gente está malacostumbrada. Malacostumbrada por Franco y malacostumbrada por la democracia. Me explico: todas las dictaduras malacostumbran de una manera perversa al pueblo, porque lo adoctrinan, porque los hacen caminar en una calle vallada que no te deja ni mirar hacia otro lado, y la gente se vuelve gandula, y camina. ¿Por qué se oye lo de "Con Franco vivíamos mejor" de más de uno que no es ultraderechista? Porque no había nada que cuestionar: las cosas eran como eran, y los dolores de cabeza se solucionaban tan fácilmente como callar y hacer caso. ¿Qué pasó tras 1978? España se quiso erigir como un país social, europeo, moderno, se empeñó con fanatismo en borrar cualquier estigma que 40 años de dictadura; y ahí están las políticas, flojas y cogidas con pinzas, de educación e I+D. Todavía la sanidad ha funcionado relativamente bien, pero a veces cojea, al menos aquí en Canarias, donde todo el mundo está en la consulta, pero nadie está satisfecho —¿ironías?
Pero vuelvo a irme a la educación, para mí el centro de todos los problemas. España es un país de fanáticos. Tenemos una derecha que se preocupa más por el "concepto de familia" y por desacreditar a la izquierda que de dar soluciones, y una pseudo-izquierda gobernante que sonríe ante todo, como si nada fuera mal, hasta que el huracán les rompe los dientes y fastidia su sonrisa, que es lo que acaba de pasar. Y tenemos un pueblo que no sabe sino quejarse, pero no se atreve a hacer nada. No hay movimientos ciudadanos para dar soluciones, no hay iniciativas. Porque somos un país europeo con una tasa de analfabetismo que da miedo para la imagen que se supone que deberíamos tener. Porque, como dije, estamos malacostumbrados. Todos hablan, pero nadie sabe qué hacer.
Afecta a todo, incluida la sanidad. ¿Por qué se saturan las consultas? Porque la gente no sabe absolutamente nada, y nadie se preocupa de explicarles. La gente se automedica, y el médico le dice que no debería, pero no le explica por qué, y la gente pierde confianza y vuelve a automedicarse. Más resistencias a los antibióticos: más gasto farmacéutico. La gente sabe que la obesidad es mala, pero no sabe por qué: la gente come, "que cuando me dé diabetes ya dejaré de comer". Más complicaciones: más gasto sanitario. Si así estamos, ¿está España preparada, como la estoica Suecia, para el copago? No lo está. Porque España seguirá careciendo de educación para la salud y seguirá habiendo los mismos problemas, que no se curarán a tiempo por evitar pagar la consulta, la atención urgente o la prueba diagnóstica, se agravarán y el sistema sanitario no podrá decir que no. Y gastará más. Y la gente no estará contenta. La legitimación del médico bajará, aumentará la insatisfacción tanto por parte del paciente como por parte del médico. Más síndromes del trabajador quemado, más médicos que no trabajan porque aún así seguirán cobrando lo mismo. En definitiva: menos salud y más gasto.
¿Estamos seguros de que sabemos hacer política? Ya veremos...