
1 de septiembre de 2009 - Paciente varón de 20 años acude a la consulta de atención primaria. Su médico de familia sospecha un síndrome de intestino irritable (SII), pero para quedarse tranquilo, lo remite al especialista en gastroenterología. Dado que era posible que, por irse de Erasmus, no estuviera siquiera en el país para un par de meses después, la cita se pide como preferente. Se da para el 3 de septiembre de 2010.
3 de septiembre de 2010 - Un año y dos días después, el paciente, ahora de 21 años, llega a la consulta externa de gastroenterología en su hospital de referencia. La especialista que lo atiende opina igualmente que se trata con casi total seguridad de un SII, pero está obligada a descartar otros procesos e indica la realización de una analítica completa para descartar patología tiroidea, enfermedad celiaca o enfermedad inflamatoria, entre otras. Indica asimismo un enema opaco, también en busca de pruebas de presencia o ausencia de organicidad. Se le recomienda un suplemento dietético de fibra y unos probióticos, no cubiertos por la Seguridad Social.
22 de noviembre de 2010 - El paciente acude a que le sea extraída la sangre.
25 de noviembre de 2010 - El paciente acude al servicio de radiología para que le sea hecha la prueba de imagen, pero como nadie le había facilitado el papel con las instrucciones para la preparación previa a la prueba, no es posible hacerla.
17 de diciembre de 2010 - El paciente vuelve a la consulta de su gastroenteróloga y, a pesar de no contar con la imagen radiológica, la absoluta normalidad de las pruebas de laboratorio la hace descartar completamente cualquier proceso que no sea puramente funcional. El paciente queda con diagnóstico de síndrome del intestino irritable. Se le da una dieta que debe realizar si se encuentra en un episodio diarreico, y se le recomienda un antiespasmódico para las mismas circunstancias.
24 de diciembre de 2010 - El paciente acude a su consulta de atención primaria para entregar la nota informativa de la gastroenteróloga a su médico de familia, que no está, así que, en su defecto, a la sustituta correspondiente.
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Y así, un proceso diagnóstico de una enfermedad bastante sencilla, tarda 479 días. ¿Será que soy yo el paciente o es mucho?


