
En las vísperas de los exámenes de septiembre he estado dándole vueltas a una cosa que no deja de sorprenderme, por ser muestra del avance científico y tecnológico realizado en las últimas décadas. Para ello, quizás haya que aclarar dos términos:
- Idiopático: se dice de cualquier enfermedad cuyo origen exacto es desconocido. Sin que haya un antecedente claro, o un agente causal concreto, la enfermedad hace su aparición. Muchas veces es sinónimo de "primario", en contraste con las enfermedades que son secundarias a otros procesos, como la diabetes mellitus puede ser secundaria a otra patología endocrina como el síndrome de Cushing.
- Autoinmune: se dice de todas aquellas enfermedades que derivan de un fallo en la selección de linfocitos, el cual permite que existan células del sistema inmune que reconocen como extrañas proteínas del propio organismo y desencadenan una respuesta de defensa que resulta autolesiva.
Hasta hace no demasiado tiempo, muchas enfermedades autoinmunes eran criptogenéticas, es decir, se desconocía su mecanismo. Sin embargo, las técnicas de detección de anticuerpos han progresado hasta el punto de que muchas de estas enfermedades, de las cuales muchas siguen conservando el epíteto de idiopáticas (purpura trombocitopénica idiopática, como por caso), tienen un origen en este tipo de trastornos inmunológicos. El misterio, por tanto, se traslada ahora a, ¿cómo y por qué se escapan estos linfocitos incorrectamente especializados a la sangre periférica?
La pregunta es, si alcanzaremos en algún momento el conocimiento suficiente como para desterrar todos aquellos misterios que salpican la Medicina. ¿Se quedará algún día la Ciencia sin su razón de ser? Ya veremos...

