miércoles, 31 de agosto de 2011

¿Idiopático o autoinmune?


En las vísperas de los exámenes de septiembre he estado dándole vueltas a una cosa que no deja de sorprenderme, por ser muestra del avance científico y tecnológico realizado en las últimas décadas. Para ello, quizás haya que aclarar dos términos:
  • Idiopático: se dice de cualquier enfermedad cuyo origen exacto es desconocido. Sin que haya un antecedente claro, o un agente causal concreto, la enfermedad hace su aparición. Muchas veces es sinónimo de "primario", en contraste con las enfermedades que son secundarias a otros procesos, como la diabetes mellitus puede ser secundaria a otra patología endocrina como el síndrome de Cushing.
  • Autoinmune: se dice de todas aquellas enfermedades que derivan de un fallo en la selección de linfocitos, el cual permite que existan células del sistema inmune que reconocen como extrañas proteínas del propio organismo y desencadenan una respuesta de defensa que resulta autolesiva.
Hasta hace no demasiado tiempo, muchas enfermedades autoinmunes eran criptogenéticas, es decir, se desconocía su mecanismo. Sin embargo, las técnicas de detección de anticuerpos han progresado hasta el punto de que muchas de estas enfermedades, de las cuales muchas siguen conservando el epíteto de idiopáticas (purpura trombocitopénica idiopática, como por caso), tienen un origen en este tipo de trastornos inmunológicos. El misterio, por tanto, se traslada ahora a, ¿cómo y por qué se escapan estos linfocitos incorrectamente especializados a la sangre periférica?

La pregunta es, si alcanzaremos en algún momento el conocimiento suficiente como para desterrar todos aquellos misterios que salpican la Medicina. ¿Se quedará algún día la Ciencia sin su razón de ser? Ya veremos...

martes, 23 de agosto de 2011

Cuéntame al oído o la extrañeza de la pérdida

Cuéntame al oído,
muy despacio y muy bajito,
por qué tiene tanta luz
este día tan sombrío.

No hace falta ser un sanitario —aunque, en cierto modo, ayuda— para darse cuenta de las curiosas dicotomías que suponen las muertes de las personas. La primera es cómo la luz parece tan intensa para aquellos que no han sufrido la pérdida, cómo la vida de los vivos sigue, ajena e inmutable por la desaparición de un congénere. En el momento en el que uno está bajo la nube oscura, no puede sino sentir una mezcla de ira y envidia abriéndose paso a través de la pena, porque uno, en el egoísmo que todos guardamos dentro, espera que el mundo se pare para dejarlo respirar un poco.

Cuéntame al oído
si es sincero eso que ha dicho
o son frases disfrazadas
esperando solo un guiño.

Hay otro tipo de muertes, muertes en vida. Separaciones, traiciones, desengaños. A veces uno cree que hay personas en las que no existe el desengaño, personas de las que se presupone su constancia, incuestionable la invariabilidad de su presencia y adecuación al lugar que deberían ocupar. Pero no siempre es así, a veces, una imagen, una esperanza, muere y se pudre ante tus ojos. A veces la traición es tan enorme que parece ficticia, pero pronto se lleva todas las opciones, dejándote solamente la idea de que la realidad supera a la ficción. En ese momento, también parece haber dos mundos.

Cuéntame al oído
a qué sabe ese momento,
donde esperan hoy los días
en que aquello era un sueño.

Dos mundos, el deseado e idalizado, la imagen proyectada por la esperanza; y el real, en el que todo se desmorona bajo tus pies. La imagen parece romperse como un espejo al que han pegado un balazo, y entre las rendijas empieza a verse una realidad más plana de lo que dicen los cuentos, más gris de lo que muestran las películas; y por suerte, aunque uno tarda un poco más en verlo, menos catastrófica de lo que una tragedia griega pudiera augurar.

Cuéntame al oído
dónde quedan hoy tus miedos;
si aún guardas sus caricias
en la caja del recuerdo.

En definitiva, cuando los miedos se han cumplido, y esa persona muere, de una manera o de la otra, no quedan sino recuerdos. A veces dudas sobre si son verdaderos, o confiables, o una mera imaginación compensatoria para arrullarte como una buena madre debería hacer con su niño que llora; pero es lo que queda, lo que permite pegar de nuevo el espejo para ver las imágenes con mejor perspectiva, dejando visibles las grietas para no dejarnos engañar una vez más, para conocer que en el mundo hay a la vez cosas buenas y cosas malas. Uno aprende, y quizás pierde algo de ternura, quizás se vuelve algo más frío, algo peor persona. Hay dos mundos, donde para uno hay luz, para otro hay oscuridad. Dependiendo del punto de vista, las conclusiones que uno saca de estas muertes son diametralmente opuestas. Por eso, a veces son cosas que uno sólo puede contar al oído a quien esté dispuesto a escuchar y a entender.


domingo, 21 de agosto de 2011

El veneno eclesiástico

Intento ser siempre tolerante, intento ser siempre comprensivo, y sobre todo teniendo en cuenta que tengo a un par de amigos muy queridos asistiendo en la Jornada Mundial de la Juventud con fe y, por suerte, con algo de pensamiento crítico, trato de evitar los temas polémicos.

Pero hoy no me puedo callar ante el mensaje de discordia encubierta del líder de la Iglesia Católica. Es un mensaje que creo que traiciona el mensaje de Jesús de Nazaret, la doctrina del amor al prójimo y comprensión de los demás. Recomienda Benedicto XVI a los jóvenes asistentes que den "el sí al matrimonio y a la familia" proyectada "según el plan de Dios", de nuevo renegando de tantísimas personas que entendemos el amor, tanto espiritual como físico, con personas del mismo sexo, y de una pareja así hacia un hijo o hija. Habla de respetar la dignidad humana cuando insta a dejar morir en terribles sufrimientos a los enfermos, puesto que parece ser plan de Dios, a pesar de misericordioso y lleno de amor y vida, que uno muera hecho una patética sombra de lo que un día fue, deseando, desatento ya a cualquier condena moral, que acaben con su vida. Dice también que los jóvenes no deben seguir a Dios fuera de la Iglesia, puesto que puede llevarlos a seguir a una imagen falsa, y no puedo sino sentir un dolor muy desagradable ante tamaña hipocresía, puesto que es la Iglesia Católica la que más traiciona el precepto de no adorar ídolos en su perversión de los paganismos en una vorágine sincretista con el afán de reclutar a más y más contribuyentes; así como por percibir un ansia de separación entre aquellos fieles a la Iglesia y los demás, a los que mirarnos con gesto condescendiente, con un paternalismo inmerecido o, de no ser por los Derechos Humanos, como candidatos a emular a San Lorenzo en la hoguera.

Nunca negaré a nadie el derecho a su propia fe y su propia espiritualidad, puesto que hay muchas cosas que nadie puede explicar aún, y estas creencias arrojan algo de luz sobre el incierto camino que para muchos es la vida. Con lo que no puedo comulgar es con la institucionalización y estatalización de estas creencias, con su perversión en aras de un enriquecimiento que sangra al mundo, y menos aún con el afán de distinción y separación de los congéneres humanos; con un mensaje de discordia y desamor. Es triste ver cómo un hombre intenta, desde un puesto tan privilegiado, envenenar a sus oyentes.

viernes, 19 de agosto de 2011

Re-Zambullida


Ha sido una época mala, sobre todo desde mayo. Problemas familiares de bastante envergadura, exámenes, quehaceres domésticos que se me han tirado encima como una avalancha. Por último, me he ido de vacaciones, primero invitado por una amiga, y luego por la familia. En definitiva, que he estado ausente, y no me refiero únicamente al blog. He estado bastante ausente en general, he sido otra persona. He tenido que reordenar prioridades, y entrar en una política de crisis. He tenido que reorganizar muchas cosas, por lo que he tenido que dar prioridad a las mismas, dejando a otras algo atrás.

Por suerte este año me ha ido bastante bien en la facultad, y el año que, según todos, es el más difícil sin duda alguna de la carrera (al menos en Las Palmas), no ha sido el más nefasto. No sé qué pasará en septiembre con las dos asignaturas y un parcial que me quedan, pero si me quedara alguna de esas, no creo que supusiera algo demasiado grave.

Ahora toca, aunque ya estas últimas semanas he estado metiendo los dedos en el agua como se suele hacer en la piscina o el mar, para ir uno acostumbrándose al frío, zambullirme de nuevo en esto del estudio, y, como suele ser paralelo, en la Medicina en sí, el blog y más cositas que me inspira el estudiar. Ahora toca centrarme un poco en mí y en mi futuro, en darle forma a lo que siempre tengo en mente y titula esta bitácora: lo que ya veremos.