[ATENCIÓN: Está a punto de leer grandes dosis de humor negro. Si no tiene, léalo con perspectiva.]
Anuncios como el que sale en la foto que he tomado prestada de www.adlatina.com los he visto empapelando marquesinas de guagua por toda Las Palmas. Así rezan los carteles publicitarios de una determinada empresa aseguradora sanitaria, o quizás debería decir "enfermaria".
Nunca he tenido un gran problema con que exista una sanidad privada. Después de todo, creo que si uno tiene el dinero, no soy yo quien tiene que decirle qué hacer con él y qué no, ni sé qué problemas llevan a cada cual a necesitar una atención más rápida. Pero tienen un gran defecto, y es que son un negocio. Por supuesto, para el que está en el extremo de recibir las ganancias, que sea un negocio fructífero es un chollazo. Ahora bien, para el que lo tiene que pagar, la cosa debe ser mirada con lupa. ¿Están los profesionales que trabajan para esta empresa privada recomendando lo que debe ser recomendado o simplemente haciendo pruebas caras para amortizar los equipos comprados y agasajar de forma (no tan) barata la necesidad subjetiva de tecnología del enfermo? Ésa es una pregunta importante que debe tenerse en cuenta cuando existe la posibilidad de que más allá de la mesa estén diciendo: "Tú pide, pide, que total, paga él...". ¿Queremos que nos hagan todas las pruebas existentes al más puro estilo House o que nos enfoquen el caso como debe ser? Y no solo eso, teniendo en cuenta que las aseguradoras miden la rentabilidad de un usuario según sus visitas al médico, ¿dónde quedan las revisiones de salud, la prevención primaria y la secundaria? No, no, el modelo verdaderamente rentable es la terciaria, mire usted, porque así necesita usted no solo aparatitos que "fotografíen" por todos lados la imagen patológica de su cuadro (que no siempre estará ahí), sino fármacos, rehabilitación y, quién sabe, quizás también cuidados paliativos. ¿Ha oído usted hablar de nuestro seguro de decesos? ¡Tenemos unas coronas maravillosas!
Por supuesto, doy por hecho que no todo en la sanidad privada ocurre con tanta maliciosidad como debe parecer que pienso, pero sí es verdad que cuando existe la posibilidad de que pase algo así, siempre son más de uno y más de dos los que caen en esta dinámica que explota la desesperación del paciente.
Pero ése no era un problema que a mí me tuviera inquieto ni me hiciera rechinar los dientes. Cada uno era responsable de ir al médico privado e informarse acerca de la utilidad de las determinadas pruebas y, sobre todo, de su propio patrimonio, que para eso es de cada uno. Pero ahora han metido un zarpazo contra la Sanidad Pública. "Cuidarse es elegir el médico que tú quieras" es decirle a la población general "Ey, que el sistema público te está tratando como a un cualquiera y te mete con el primer mindundi que coge" o, en pocas palabras, "Ey, que tu seguro público no te cuida". Ante esto, cualquier paciente desesperado por su enfermedad, las noticias sobre los recortes en sanidad y con un poco de dinero en su bolsillo se olvida de eso de la libre elección de médico y se ve de pronto acosado por un sistema injustamente intervencionista que le coarta las libertades. Vamos, que estos anuncios están metiendo las palabrerías del Tea Party en muchas cabezas.
Pero el acoso propagandístico en salud no se queda ahí. Una conocida clínica privada de la ciudad se publicita ahora ofreciendo una atención muchísimo más rápida —¿Cansado de esperar?— si te vas a su servicio de urgencias con "la módica cantidad" de 50 €, porque te harán todas las pruebas que tienen a su disposición. Creo que no hace falta que desgrane la auténtica barrabasada que supone un anuncio tan rastrero como éste. Vamos, que debemos confiar en House, que ni nos mira lo blanco del ojo, pero pone a nuestra disposición el arsenal tecnológico más avanzado, mejor que si te hubieran abducido unos extraterrestres turistas.
No es solo obvio que el sistema sanitario público está cambiando a merced de las políticas neoliberales salvajes de nuestro desgobierno, sino que se está intentando desprestigiar lo que va quedando de ese maltrecho sistema. Poco a poco, sin que les haga falta una gran dosis de suerte, conseguirán cambiar el modelo de percepción de la salud y con ello, la Salud en sí misma.